
1. Capacidad Cardiovascular
– Trail runner: Aumento del 10-15% en el volumen cardíaco, reducción de la frecuencia cardíaca en reposo (5-10 latidos/minuto), mejora de la función cardíaca (Haskell et al., 2007).
– No entrenado: Sin cambios significativos.
2. Consumo de Oxígeno (VO2 máx.)
– Trail runner: Aumento del 10-15% en el VO2 máx., lo que se traduce en una mayor capacidad para realizar actividades físicas (Haskell et al., 2007).
– No entrenado: Disminución del 2-5% en el VO2 máx. debido al envejecimiento natural.
3. Composición Corporal
– Trail runner: Reducción de la grasa corporal (2-4%), aumento de la masa muscular (0,5-1 kg) (Ross & Rissanen, 1994).
– No entrenado: Aumento de la grasa corporal (1-2%) y pérdida de masa muscular (0,2-0,5 kg).
4. Fuerza y Resistencia Muscular
– Trail runner: Aumento de la fuerza y resistencia muscular en piernas, glúteos y core, lo que mejora la estabilidad y el equilibrio en terrenos difíciles (Kraemer et al., 2002).
– No entrenado: Sin cambios significativos.
5. Presión Arterial
– Trail runner: Reducción de la presión arterial sistólica (3-5 mmHg) y diastólica (2-3 mmHg).
– No entrenado: Aumento de la presión arterial (1-2 mmHg).
6. Perfil Lipídico
– Trail runner: Aumento del HDL (colesterol bueno) (3-5%), reducción del LDL (colesterol malo) (2-4%) y triglicéridos (5-10%).
– No entrenado: Sin cambios significativos o empeoramiento del perfil lipídico.
7. Sensibilidad a la Insulina
– Trail runner: Mejora de la sensibilidad a la insulina, reducción del riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
– No entrenado: Disminución de la sensibilidad a la insulina, aumento del riesgo de diabetes tipo 2.
8. Densidad Ósea
– Trail runner: Aumento de la densidad ósea, reducción del riesgo de osteoporosis, especialmente en piernas y caderas.
– No entrenado: Disminución de la densidad ósea, aumento del riesgo de osteoporosis.
En resumen, el Trail running puede producir cambios significativos en la capacidad cardiovascular, composición corporal, fuerza y resistencia muscular, presión arterial, perfil lipídico, sensibilidad a la insulina y densidad ósea, lo que se traduce en una mejor salud y calidad de vida.
Referencias
Haskell, W. L., Lee, I. M., Pate, R. R., Powell, K. E., Blair, S. N., Franklin, B. A., … & Bauman, A. (2007). Physical activity and public health: updated recommendation for adults from the American College of Sports Medicine and the American Heart Association. Circulation, 116(9), 1081-1093.
Ross, R., & Rissanen, J. (1994). Mobilization of visceral and subcutaneous adipose tissue in response to energy restriction and exercise. American Journal of Clinical Nutrition, 60(5), 695-703.
Kraemer, W. J., Adams, K., Bush, J., & Triplett-McBride, T. (2002). Physiological adaptations to resistance exercise. Sports Medicine, 32(4), 245-256.
Mg. Sergio Furlan (Mat.712)


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