Actividad Física diaria y Estado de Ánimo

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Actividad física diaria y estado de ánimo: diferencias entre personas activas y sedentarias

El vínculo entre actividad física y estado de ánimo ha sido ampliamente estudiado en las últimas décadas dentro de las ciencias del deporte, la psicología y la medicina. La evidencia científica es consistente al señalar que realizar actividad física de manera regular, particularmente alrededor de una hora diaria, se asocia con mejores indicadores de bienestar emocional en comparación con estilos de vida sedentarios. Este ensayo analiza, desde un enfoque académico pero comprensible, los principales cambios en el estado de ánimo que se observan entre personas físicamente activas y sedentarias, considerando mecanismos fisiológicos, psicológicos y sociales.

Uno de los mecanismos centrales que explica las diferencias en el estado de ánimo entre personas activas y sedentarias es la respuesta neurobiológica al ejercicio. La actividad física sostenida estimula la liberación de neurotransmisores y neuromoduladores como las endorfinas, la serotonina, la dopamina y la noradrenalina, todos ellos directamente implicados en la regulación del placer, la motivación y la estabilidad emocional. Estudios experimentales muestran que sesiones de ejercicio aeróbico de intensidad moderada, con una duración cercana a los 60 minutos, producen mejoras agudas del humor y reducciones significativas de la tensión, la ira y la fatiga mental (1,2).

En contraste, el sedentarismo se asocia a una menor activación de estos sistemas neuroquímicos y a una mayor vulnerabilidad a estados de ánimo negativos. La inactividad prolongada se ha vinculado con procesos inflamatorios de bajo grado y con alteraciones del eje hipotálamo-hipófiso-adrenal, factores que pueden favorecer síntomas de ansiedad y depresión (3).

La comparación entre personas que realizan una hora diaria de actividad física y aquellas sedentarias muestra diferencias claras en los niveles de ansiedad y estrés percibido. Meta-análisis recientes indican que el ejercicio regular reduce la ansiedad estado y la ansiedad rasgo, con efectos comparables, en casos leves a moderados, a intervenciones psicológicas de primera línea (4).

En relación con la depresión, la evidencia es particularmente robusta. Personas físicamente activas presentan menor prevalencia de síntomas depresivos y mayor resiliencia emocional frente a eventos estresantes. La práctica diaria de ejercicio no solo actúa como factor preventivo, sino también como estrategia terapéutica complementaria en el tratamiento de la depresión, mejorando el estado de ánimo basal y la sensación de autoeficacia (5).

Más allá de los efectos biológicos, la actividad física diaria impacta en variables psicológicas clave. Realizar ejercicio durante una hora al día fortalece la percepción de competencia personal, la autoestima y el sentido de control sobre el propio cuerpo. Estas dimensiones psicológicas cumplen un rol mediador fundamental en la mejora del estado de ánimo y del bienestar subjetivo. Las personas activas suelen reportar mayor satisfacción con la vida y emociones positivas más frecuentes, como entusiasmo y vitalidad. En contraste, los estilos de vida sedentarios tienden a asociarse con menor percepción de logro personal y mayor rumiación cognitiva, factores que deterioran el estado de ánimo a mediano plazo (7).

La actividad física diaria también tiene un impacto social que influye indirectamente en el estado de ánimo. En muchos casos, el ejercicio se realiza en contextos compartidos, lo que favorece el sentido de pertenencia, el apoyo social y la interacción interpersonal. El sedentarismo, especialmente cuando se combina con un alto consumo de pantallas, puede reforzar conductas de aislamiento social y reducir las oportunidades de interacción significativa, incrementando el riesgo de estados de ánimo negativos (8).

En fin, la comparación entre personas que realizan actividad física una hora por día y aquellas que llevan un estilo de vida sedentario muestra diferencias claras y consistentes en el estado de ánimo. La práctica regular de ejercicio se asocia con mayor estabilidad emocional, menor ansiedad y depresión, mejor autoestima y mayor bienestar subjetivo. Desde una perspectiva de salud pública y de educación en ciencias del deporte, promover la actividad física diaria no debe entenderse únicamente como una estrategia para mejorar la condición física, sino como una intervención integral orientada al cuidado de la salud mental y emocional.

   

   Mg. Sergio Furlan    (Mat.712)

   Decano Facultad de Educación UMAZA
   Entrenador TeamAventura – Caminar     

   WSP +54 9 261 695 5242  – sfurlan@umaza.edu.ar
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